El rol del creyente en el espacio público

publico“Se viene un año difícil”. Ha sido una frase que se ha escuchado por varios lados, y haciendo referencia a distintas situaciones, especialmente sociales. Que al gobierno se le viene una mano dura debido a las demandas de algunos grupos, que la economía se va a estancar, que en la Iglesia Católica urgen cambios, que se espera una clase política realmente involucrada con los problemas de la ciudadanía… en definitiva, se dice que el 2014 estará caracterizado por la incertidumbre. Existe una especie de crisis que se deja sentir en las personas, haciendo que el clima social se vuelva más tenso. Por su parte, los medios de comunicación facilitan esta tensión, y nos hacen esperar con ansias el próximo escándalo, la nueva papita de la que hablaremos. Porque sí, todos tenemos opinión sobre todo, sin importar cuán informados e involucrados estemos. Y en ese camino se van armando los bloques, a favor y en contra. Opinamos y usamos las redes sociales libremente, olvidando muchas veces que el que está en frente es un ser humano igual que nosotros, un hermano.

Frente a este escenario, vale preguntarse cuál es el rol de los creyentes en la esfera pública, ya que actualmente una de sus tensiones está en cómo comprender la tradición religiosa inserta en la vida social, es decir, cómo la fe se presenta como una comprensión más de lo social y cómo el discurso de la Iglesia ha fomentado o frenado esta iniciativa. Hoy en día es importante para el creyente comprender lo humano desde la revelación en la vida pública, sin traspasar a priori su creencia a la esfera privada. Es relevante reflexionar sobre cómo nos posicionamos frente a la incertidumbre social que se nos viene por delante.

Como creyentes debemos cuestionarnos el tipo de sociedad en que vivimos, y hacernos responsables de la sociedad que estamos construyendo. Nuestros argumentos con respecto a cómo abordar la incertidumbre de lo que vendrá deben poner en el centro al ser humano, a la persona humana.

Creo que el cristianismo se da en lo secular, en cuanto Dios se hace hombre, y, por lo tanto, la racionalidad teológica nos permite situarnos, en cuanto creyentes, en la esfera pública, abriendo el diálogo en el complejo mundo social. Sin embargo, los creyentes tendemos a situar a lo divino en un lugar concreto y cercado, en espacios específicos donde se practica la fe. Pero lo trascendente no está situado sólo allí, sino que también en el presente y en el futuro, lo que nos compele a explicitar nuestros argumentos en la esfera pública si queremos relacionarnos con otros.

Así, como creyentes debemos cuestionarnos el tipo de sociedad en que vivimos, y hacernos responsables de la sociedad que estamos construyendo. Nuestros argumentos con respecto a cómo abordar la incertidumbre de lo que vendrá deben poner en el centro al ser humano, a la persona humana. Y antes de opinar respecto del bloque o grupo del que estamos en contra, pensemos sobre el valor de dicha opinión y cuánto puede aportar en la construcción de nuestro país. Creo que en un contexto como el actual, los creyentes tenemos mucho que decir, pero la celeridad e inmediatez a la que estamos acostumbrados, nos hace olvidar que es nuestra responsabilidad -como la de todos- construir un país más dialogante, más empático y, en definitiva, más humano.

Socióloga de la UAH, Magíster (c) en Etica Social y Desarrollo Humano de la misma universidad. Es Directora Ejecutiva de la Fundación Lealtad Chile y fue directora del Centro de Investigación Social de Un Techo para Chile.

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