Más allá de La Haya

Una de las frases más reiteradas, en el contexto del fallo de la Corte Internacional de la Haya, sobre el diferendo marítimo entre Chile y Perú, decía relación con enfrentar la demanda desde la perspectiva de una Política de Estado. Esto significa abordar el tema con seriedad, con mirada de largo plazo, sin efervescencias ni populismos, y sin ceder a la tentación de los cálculos políticos inmediatos. En definitiva, era un llamado a todos los actores políticos a “tomarse en serio” la cuestión.

La respuesta, salvo algunos exabruptos, ha estado a la altura. Luego de conocer el fallo Chile reconoció, sobriamente, una derrota en tribunales. A la vez, las autoridades chilenas celebraron que no se perdió soberanía, reconocieron la necesidad de acatar y ejecutar gradualmente la resolución, e hicieron un llamado a la paz y a la colaboración con el pueblo peruano.

¿Nos detuvimos como país a analizar qué ocurre con los pescadores de Arica? ¿En qué condiciones están? ¿Qué efecto les produjo la Ley de Pesca? ¿Cómo viven, finalmente, los trabajadores y trabajadoras que utilizan el pedazo de territorio que con tanta solemnidad hemos salido a defender?

Sin embargo, algo sigue haciendo ruido en la definición de este conflicto en particular como “un tema de Estado”. Pareciera que la seriedad, el largo plazo y el bien común sólo aplican cuando está en riesgo la propiedad de un determinado territorio. Se asoma como necesaria la existencia de una “amenaza” común -la demanda- para que el tema merezca ser tratado con altura de miras. Me parece, lamentablemente, que la política de Estado no va más allá de la Haya. Ni hacia adentro, ni hacia afuera.

¿Nos detuvimos como país a analizar qué ocurre con los pescadores de Arica? ¿En qué condiciones están? ¿Qué efecto les produjo la Ley de Pesca? ¿Cómo viven, finalmente, los trabajadores y trabajadoras que utilizan el pedazo de territorio que con tanta solemnidad hemos salido a defender? Otro tanto ocurre con la relación con nuestros vecinos y con el resto del mundo. Nos mostramos muy dispuestos a abrir nuevos mercados internacionales, y fomentar la libre circulación de los bienes, pero no existe una mirada integral de nuestras relaciones internacionales: migración, colaboración, diálogo, incorporando un componente político a relaciones que hasta el momento han sido meramente comerciales. ¿Cómo colaboramos con nuestros vecinos? ¿En qué situación se encuentran los migrantes que viven en Chile? ¿Qué rol asume Chile respecto del continente?

Se abren sin duda nuevas oportunidades y desafíos respecto de Perú. Y Bolivia, por lo pronto, espera hace años entablar un diálogo serio con Chile respecto de una salida al mar. Latinoamérica nos mira todavía con sospecha por ese dejo de arribismo, como el vecino que espera su oportunidad para vincularse a un barrio mejor.

La política de Estado no tiene que ver con ganar o perder un territorio, sino en cómo este pedazo de tierra que compartimos, primero con nuestros compatriotas, y luego con otras naciones, permite el desarrollo digno de quienes con sus manos lo han hecho florecer. En palabras del el padre Hurtado, “un país no se define por sus fronteras, sino por la misión que tiene que cumplir”.

Quizás si dejamos de preocuparnos tanto de nuestros límites, podamos mirar un poquito más allá de La Haya.

Chileno. Abogado UC. Ex Director de la Escuela Sindical de Infocap. Profesor ayudante de Derecho Penal. Trabaja actualmente como abogado en litigios.

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