Navidad: ¿De qué nos regocijamos?

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El pasado 16 de diciembre celebramos el domingo de “Gaudete”, término que significa “regocíjate”. Dios nos invita a alegrarnos porque pronto viene el nacimiento de Jesucristo. Pero entre la emoción y el ajetreo de esta época del año se interpuso un suceso incomprensible y aterrador en Connecticut, Estados Unidos: la matanza de 20 niños y 7 adultos, entre ellos el asesino y su propia madre. ¿Cómo podemos regocijarnos ante tan macabro acontecimiento? ¿Cuál podría ser la raíz de este mal que acabó con la vida de estos inocentes niños de primaria?

Aunque aún no se sabe mucho sobre los antecedentes que precedieron lo que ocurrió aquel día en las afueras de Nueva York, sí se sabe que el joven asesino de 20 años sufría de una enfermedad mental que todos sus maestros habían reconocido; se sabe también que la madre del asesino fue aficionada a las armas, al punto que ella misma instruyó a su hijo para que aprendiera a usarlas; y, por último, se sabe que era fanático de los videojuegos… videojuegos que suelen ser cada vez más violentos.

Como respuesta a esta situación, los medios se han enfocado en la importancia de restringir la venta de armas y el mejoramiento del trato a las personas con enfermedades mentales. Sin embargo, se debe reconocer que para solucionar el problema no será suficiente cambiar las leyes de armas de Estados Unidos ni crear más programas de salud mental. Ante una situación tan insólita es normal buscar explicaciones o soluciones fáciles. Pero sólo hace falta mirar la situación en el país vecino del sur para entender que hacer ilegal la venta de armas no acabará en sí con la violencia.

En un mundo cada vez más violento, donde se ha visto el auge de los narcocorridos[1] tanto en México como en Estados Unidos, donde se venden los videojuegos violentos como pan caliente y donde se vuelven héroes de las telenovelas los que actúan con violencia, verbal o física, tenemos que preguntarnos: ¿de qué nos regocijamos?

¿Será que nos regocijamos del dinero, del poder o de las cosas materiales? ¿Será que nos regocijamos del fracaso del otro, de haber ganado un videojuego violento o de la letra machista de alguna canción?

En esta temporada de Adviento, Dios nos llama a reflexionar profundamente sobre aquellos rincones más oscuros de nuestra vida; sin pudores, y sabiéndonos simplemente humanos ante Dios. ¿De qué manera contribuimos a una cultura violenta en el mundo de hoy? ¿En qué momentos nos hemos callado frente una situación de violencia verbal o física? ¿Cómo podemos colaborar con Dios en la creación de un mundo más humano, más sano, más pacífico?

Al enfrentar una situación tan fuerte como lo que ocurrió en Newtown, nos puede parecer imposible cambiar el mundo, nos puede parecer imposible vivir con esperanza, nos puede parecer imposible regocijarnos. Sin embargo, entre todos los relatos de la infancia de Jesús que se cuentan al acercarnos a la Navidad, a veces se olvida que “Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores” (Mt 2,16).

Jesús mismo nació bajo amenaza de muerte y aun así la Sagrada Familia no perdió la esperanza e hizo lo necesario para proteger su vida y huir de la violencia. El mismo Príncipe de la Paz nació en medio de la violencia. Así que, en medio de nuestra incomprensión, en medio de nuestro mundo violento, podemos volver a este Príncipe y pedir la gracia de poner nuestro granito de arena en la creación de un mundo de paz.



[1] Versión reciente del “corrido” mexicano, subgénero musical que exalta y conmemora figuras, personas y eventos relacionados al narcotráfico.

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